viernes, 30 de mayo de 2008

de cómo Sebastian recobra el sueño


Ayer por la noche, día de resurrección y - cual artelugio personal o divino de defensa- Sebastian se negaba a dormir. Es como si el cuerpo se resiste al siquiera mínimo descanso y la imagen de ella en pelotas lo estrangulara. Pobre, tiene un dilema: no sabe escoger entre el desierto más que abierto de sus dos tetas o la visión de una mano en el coxis de ella. Cinco horas en vela le permiten desvariar pensando en lo sabroso del gusto de una piel en otra o en el día aquel en que la apretó tan duro que no podia respirar.

Está conciente que la rutina lo espera a las seis menos cuarto y que jamás optará a otra cosa que no sea funcionario público, pero hoy está animado, pues, por fracciones de segundo, será funcionario del deseo. Es decir, un vigilante de la líbido personal, un experto en secreciones y nervios aún no clasificados por la ciencia, un magister en serotonina.

Mientras escupe de alegría y proclama los estatutos de su nueva profesión, Sebastian entra en el rito de lo humano, sonríe incrédulo y recobra el sueño...

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