

Hace ya un mes releí el libro de anotaciones del proyecto de la artista Sophie Calle llamada Les dormeurs. Esta propuesta fue el comienzo- por allá por el 2001- de mi interés por todo lo que tuviera que ver con performances, instalaciones, videos, libros y fotografias con el sello Calle. Pues, Sophie Calle es una voyeuse sin remedos, una pensadora feminista en el fondo cuya directriz siempre ha sido husmear qué hacen los otros y cómo éstos plantean su realidad. En les dormeurs (1979) Sophie invita a dormir en su cama a 28 desconocidos por un espacio de ocho horas cada uno. Allí se suceden todos los bohemios de la ciudad, ningún niño, su madre y un perro. Calle pregunta, los contempla, los fotografia, y cual esclava egipcia les da de comer. Sin juicios propios, ni acercamientos, Sophie sólo escribe y capta imágenes. En fin, les pide prestado lo que a mi juicio es el único espacio de lo irrepetible: el sueño. Todo esto me lleva a reflexionar sobre cómo la cama se convierte en la extensión de un imaginario personal que nadie- ni siquiera uno mismo- puede condensar, porque es en la cama donde pasa la masturbación, lo lúdico, los restos de piel, los conflictos efímeros, la otredad al estar solo o acompañado. La cama es fémina encorvada y tibia, es vigilia o entusiasmo cuando falta el sueño. Es exclusividad de lo íntimo como cuando caemos en trance o estamos por morir. En la cama, ya dormidos, no somos apariencia, somos otros (as). Por ello, y en completo acuerdo, escribo textual lo que uno de los durmientes dijo a Calle: " J'aime oublier mon rêve ...comme cela, j'ai l'impression d'avoir une vie double, d' être un autre quand je dors..."