viernes, 30 de mayo de 2008

de cómo Sebastian recobra el sueño


Ayer por la noche, día de resurrección y - cual artelugio personal o divino de defensa- Sebastian se negaba a dormir. Es como si el cuerpo se resiste al siquiera mínimo descanso y la imagen de ella en pelotas lo estrangulara. Pobre, tiene un dilema: no sabe escoger entre el desierto más que abierto de sus dos tetas o la visión de una mano en el coxis de ella. Cinco horas en vela le permiten desvariar pensando en lo sabroso del gusto de una piel en otra o en el día aquel en que la apretó tan duro que no podia respirar.

Está conciente que la rutina lo espera a las seis menos cuarto y que jamás optará a otra cosa que no sea funcionario público, pero hoy está animado, pues, por fracciones de segundo, será funcionario del deseo. Es decir, un vigilante de la líbido personal, un experto en secreciones y nervios aún no clasificados por la ciencia, un magister en serotonina.

Mientras escupe de alegría y proclama los estatutos de su nueva profesión, Sebastian entra en el rito de lo humano, sonríe incrédulo y recobra el sueño...

miércoles, 28 de mayo de 2008

De la primera propuesta de Sophie Calle




Hace ya un mes releí el libro de anotaciones del proyecto de la artista Sophie Calle llamada Les dormeurs. Esta propuesta fue el comienzo- por allá por el 2001- de mi interés por todo lo que tuviera que ver con performances, instalaciones, videos, libros y fotografias con el sello Calle. Pues, Sophie Calle es una voyeuse sin remedos, una pensadora feminista en el fondo cuya directriz siempre ha sido husmear qué hacen los otros y cómo éstos plantean su realidad. En les dormeurs (1979) Sophie invita a dormir en su cama a 28 desconocidos por un espacio de ocho horas cada uno. Allí se suceden todos los bohemios de la ciudad, ningún niño, su madre y un perro. Calle pregunta, los contempla, los fotografia, y cual esclava egipcia les da de comer. Sin juicios propios, ni acercamientos, Sophie sólo escribe y capta imágenes. En fin, les pide prestado lo que a mi juicio es el único espacio de lo irrepetible: el sueño. Todo esto me lleva a reflexionar sobre cómo la cama se convierte en la extensión de un imaginario personal que nadie- ni siquiera uno mismo- puede condensar, porque es en la cama donde pasa la masturbación, lo lúdico, los restos de piel, los conflictos efímeros, la otredad al estar solo o acompañado. La cama es fémina encorvada y tibia, es vigilia o entusiasmo cuando falta el sueño. Es exclusividad de lo íntimo como cuando caemos en trance o estamos por morir. En la cama, ya dormidos, no somos apariencia, somos otros (as). Por ello, y en completo acuerdo, escribo textual lo que uno de los durmientes dijo a Calle: " J'aime oublier mon rêve ...comme cela, j'ai l'impression d'avoir une vie double, d' être un autre quand je dors..."

domingo, 4 de mayo de 2008

Pobre Sebastian

Aquejado por una enfermedad aún no diagnosticada, Sebastian toma pausas en su vida. Un ínfimo espacio para pensar en ese malestar llamado por tantos simple pasión. Está convencido que en cualquier momento estalla como luces de bengala ese dolor en el estómago y ese salivar que le hace pensar en el deseo profundo de poseerla. Porque en realidad lo que él quiere es una fémina de esas que rompan árboles de puro deseo... Una que huela a cal e incienso, una que le permita empujarla con sangre y certeza...

Sebastian, pobre Sebastian....pierde la orientacion de tan poco asimilar lo que siente. Con los ojos bien abiertos- pero todavia entre sábanas- siente el roce del viento primaveral- y justo en ese momento- anhela declamar un discursillo en su clítoris, cruzarle las piernas en lo alto par explicarle lo tonta que es y lo erótico de su enfermedad