Aquejado por una enfermedad aún no diagnosticada, Sebastian toma pausas en su vida. Un ínfimo espacio para pensar en ese malestar llamado por tantos simple pasión. Está convencido que en cualquier momento estalla como luces de bengala ese dolor en el estómago y ese salivar que le hace pensar en el deseo profundo de poseerla. Porque en realidad lo que él quiere es una fémina de esas que rompan árboles de puro deseo... Una que huela a cal e incienso, una que le permita empujarla con sangre y certeza...
Sebastian, pobre Sebastian....pierde la orientacion de tan poco asimilar lo que siente. Con los ojos bien abiertos- pero todavia entre sábanas- siente el roce del viento primaveral- y justo en ese momento- anhela declamar un discursillo en su clítoris, cruzarle las piernas en lo alto par explicarle lo tonta que es y lo erótico de su enfermedad