viernes, 4 de abril de 2008

¡ Qué Avila ni que ocho cuarto!

No sé qué relación directa pueda existir entre esta fiebre de mierda que tengo y la imagen súbita de la luz caraqueña, pero me urge fabular el pasado en una ciudad que hasta hace apenas 5 años era mi cotidianidad.....
Como decia uno de los pocos urbanistas escritores que leia en la época de la maestria- y que ahora no recuerdo- Caracas es una ciudad no acabada, de esas que dejan un sabor amargo de deconstrucción...
No voy a mentir- como lo hacen muchos universitarios convencidos de su agudo intelecto- diciendo que conozco enormemente la Pastora y que me hace una falta terrible lo pintoresco de Chacao. Mucho menos voy a darle la razón a la muertita cuando la primera vez que la conocí dijo: ¡ Qué rico el mango en bolsa...!.No- me - jo-dan. A mi lo que me hace falta es el malandreo, añoro esa búsqueda de emociones fuertes, llevar la melancolia como emblema, saberme diferente, y por ello, deseada, soñar que... quién sabe si algun dia viva fuera de Los Samanes...Pero el encanto de mi imaginario se detiene cuando recuerdo la violencia gratis, el ruido exuberante de 40 carros, 8 motorizados, 4 vendedores de viandas, 3 madres y un amargado que pide a guisa de gorilla que lo dejen pasar coño!...No, yo ya no estoy para eso... seguiré aqui, cual caracola arropada en fiebre en un invierno desatado...Asi- y aunque en el fondo si extraño a la Nabetse de antes- me susurro agobiada......¡Qué Avila ni que ocho cuarto!