
No pretendo con tan corto texto y espacio arruinar el éxtaxis del lector al comprobar que como la mayoría de las recién embarazadas, sólo quiero escribir sobre mi hija. No: no seré tan egoista. Sólo quiero contar lo incongruente de mi visión de niña caraqueña y lo que se vive por estos lados del desarrollo.
Jueves 6:30: Nimia, Carlos y yo vamos a la bienvenida de la nueva etapa del proyecto habitacional en el que vivimos: todo pro-lounge, gente sospechosamente bella, catering impecable, lofts para cortar suspiros...
Jueves 7:00: Carlos, hija en vientre y yo vamos al primer curso gubernamental sobre la maternidad. Primer choque cultural: nos reciben dos especies de facilitadores: uno con camisa de esas con las que uno pasa coleto en mi país y una señora desgreñada, de mirada tonta y voz adolescente.
Jueves 7:45: Presentación de un video ( no tan viejo como parece-según dicho de la instructora-) donde padres canadienses comparten sus experiencias ante tan relevante suceso. Otro choque más fuerte aún: cinco padres con cortes al modus de Trino Mora hablando sobre lo que sentían de una forma confusa...¿estarían drogados?, digamos- ¿acorde con la onda generacional de los 60? Imagínense que uno se atrevió a opinar SIN CAMISA!!! entiéndase con esternón al aire!..y ¿eso es lo que llaman padres?
Ultimo choque cultural, mas no el menor: reunión de mujeres. Chistes, cuentos, terrores femeninos. En la calentura de la conversa estuve a punto de decir que estaba en pro de las drogas ( entiéndase epidural) cuando me dí cuenta que casi todas las canadienses quieren tener partos naturales!...........¿Parto natural???????? ¿ QUÉÉÉÉÉ?
Por segundos me imaginé en la Clinica Aguerrevere, ensimismada en muhidas sábanas españolas, rodeada de sonrisas, parloteos y mucha champaña...Perdonen, pero admito que a veces sale la sifrina que vive en mí....